Equilibrio entre el dar y el recibir

Equilibrio entre el dar y el recibir

Las relaciones son complejas y, la mayoría de veces, si no tenemos los conocimientos necesarios, no sabemos cómo gestionarlas. Podemos sentir que estamos dando mucho para lo poco que recibimos, y es ahí, donde no comprendemos las reacciones del otro.

En mi experiencia en sesiones como facilitadora de grupos de crecimiento personal, me encuentro una queja muy común: “… con todo lo que he hecho por… y mira cómo me lo paga…”. Realmente las personas que emiten esta queja, están sufriendo, porque no entienden qué es lo que pasa. Sin embargo, hay algo detrás, que cuando lo comprendes, todo cambia.

Generalmente damos, muchas de las veces, para que nos quieran, reconozcan, acepten, vean… y desde ahí, nada puede salir bien, es decir, desde ese lugar de necesidad y carencia, el resultado te informa que ese “dar” no es desde el corazón, es desde un interés nada constructivo. El otro, consciente o inconscientemente, está recibiendo otro mensaje. Recibe una energía, que podríamos llamarle de deuda, sabe o siente, de alguna manera, que no se le ha dado desde el corazón sino más bien, desde una necesidad.

Tod@s tenemos heridas infantiles (abandono, rechazo, humillación…) que han provocado la fabricación de una personalidad o ego para responder a unas necesidades relacionadas con estas heridas. Por lo tanto, nuestra manera de actuar con l@s demás está condicionada por esta personalidad. Si, por ejemplo, una persona siempre tiene más presente las necesidades de l@s demás que las suyas propias, y en sus relaciones necesita que l@ necesiten, este “dar” no suele ser, muchas veces, desde el corazón sino más bien como una estrategia que emplea, de manera inconsciente, para recibir amor por parte del otro. Este tipo de personalidad encajaría en el Eneatipo 2 del Eneagrama, llamado también, el ayudador. Son personas cálidas y amorosas que ponen mucha energía en las relaciones personales y que se sienten importantes cuando ven que l@s necesitan. Hasta aquí, podríamos decir, que es una personalidad generosa, sin embargo, muchas veces, dan para recibir, ya que esta es su estrategia inconsciente para poder recibir el amor.

Es importante darnos cuenta, desde dónde estamos dando, es decir, si doy de forma condicionada, es muy probable que me encuentre que el otro no me da aquello que yo creo que merezco.

Si damos, ha de ser porque realmente así lo sentimos, sin esperar a recibir. Esto nos llevará a un necesario equilibrio entre el dar y el recibir; equilibrando nuestra energía masculina y femenina. Precisamente cuando me desapego del resultado, es decir, de la reacción del otro cuando le he dado, justamente, es cuando recibes.

El problema que supone dar con condiciones es que, al no recibir siempre lo esperado, podemos generar emociones de rabia, tristeza… porque “creo” que el otro no me quiere o no está viendo “todo” lo que hago por él o por ella. Es cuando, podríamos decir, que la relación se intoxica y se llena de culpabilidades, deudas, desequilibrio y por lo tanto sufrimiento.

La solución parte por dar, como he dicho anteriormente, desde nuestro Ser, desde lo que sientes, y no para recibir. Hay algo energético que se bloquea, no fluye y por lo tanto el resultado no es armonioso.

También tener en cuenta algo primordial y es que lo de fuera, es un reflejo mío, es decir, si yo me paso la vida queriendo ayudar a los demás, hasta incluso se convierte en una necesidad, lo que se me está mostrando es la necesidad que yo tengo de ayuda. Por lo tanto, a la o al que tengo que darle es a mí mism@. Cuando me doy respeto y amor, por ende, es lo que recibo de fuera. Si tengo en cuenta este principio, cambiará mi percepción en cuanto a mis relaciones.

Mi propuesta es la observación de estas estrategias que tiene el ego, preguntarme desde dónde hago las cosas, si es desde el miedo o desde el amor. Si lo hacemos desde el miedo, el resultado es el sufrimiento, sin embargo, desde el amor, todo cambia, las relaciones se transforman. Desarrollar el llamado egoísmo ético o positivo, donde yo me tengo en cuenta a mí, a mis necesidades y deseos, y por supuesto teniendo presente al otro. Tener en cuenta las necesidades del otro está bien si un@ no renuncia a sí mism@.

Rocío Martínez

Foto: Alicia Heredia

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