El miedo

El miedo

Cuando hablamos de miedo en espacios como este, de crecimiento personal, no hablamos del que hace referencia a la emoción adaptativa, sino a la emoción psicológica que nos bloquea, reprime y nos hace sufrir.

El miedo tiene una función adaptativa, y gracias a esta emoción, nosotros, los seres humanos, sobrevivimos como especie. Cuando percibimos un peligro externo que pueda amenazar nuestra supervivencia, nuestro cerebro envía una señal a nuestro cuerpo, segregando hormonas como el cortisol, para que podamos responder: atacando o huyendo. Este mecanismo se regula en el cerebro reptil o reptiliano.

Sin embargo, el miedo que nos interesa, aquel que se aborda en todas las consultas de psicología, coaching y otras terapias, es el llamado miedo psicológico. Citando algunos, podríamos nombrar, el miedo al rechazo, a la soledad, al abandono, a tomar decisiones, a enfermar, etc. Estos miedos nos bloquean e interfieren en nuestro proceso evolutivo. Sin embargo ¿De dónde vienen estos miedos?

Nuestra mente está, podríamos decirlo así, parasitada, dominada por este cerebro que he nombrado antes, el cerebro reptiliano. Esta parte de nosotros que tiene la función de protegernos ante peligros externos, gobierna parte de nuestra mente, llamada por muchos, mente inferior. Esta mente que es analítica y racional, ubicada en el hemisferio cerebral izquierdo, se relaciona con la realidad a través de nuestros cinco sentidos externos. Estos cincos sentidos son muy limitados, por lo que nos hacen ver una porción muy pequeña de la realidad.

Esta mente es la que, en general, hemos desarrollado más, y es la que genera pensamientos asociados al miedo, viendo peligros ilusorios que son los que nos bloquean a la hora de tomar decisiones. Por ejemplo, si quiero cambiar de empleo, generalmente, nos vienen pensamientos del tipo: ¿Y si no encuentro otro? Muchas veces podemos no hacer caso a estos pensamientos y tomar la decisión de irnos, pero otras muchas veces, no acabamos de tomar la decisión por miedo. Esta mente nos hace creer que hay un peligro externo que es que yo no pueda encontrar otro empleo.

Esta mente, al estar centrada en la supervivencia personal, apenas está dejando espacio a una consciencia espiritual.  Sin embargo, disponemos de una parte de nuestra mente, llamada mente superior, ubicada en nuestro hemisferio derecho del cerebro, más asociada al Amor, a la expansión, a la conexión con la energía que todo lo sustenta; que conecta con el desarrollo espiritual, fortaleciendo y desarrollando nuestros dones y talentos, para el aumento de la confianza no sólo en nosotr@s mism@s sino en el propio proceso de la vida. Aumentando nuestro coraje para encaminarnos hacia aquello que deseamos hacer, más conectado con nuestro propio ser.

Integrar los dos hemisferios cerebrales, sincronizarlos, hace que nos fortalezcamos y que aumente nuestro poder personal. Desarrollar nuestra mente superior a través de la meditación, la respiración consciente, el arte, la contemplación sin juicio, etc. Hará que mi mente inferior ocupe el lugar que realmente le corresponde; el que planifica, organiza, pone objetivos… y dejar a nuestra mente superior que nos inspire y llene de confianza y armonía nuestra propia existencia.

Como conclusión, podemos decir, que la mayoría de nuestros pensamientos vienen de la mente inferior y están asociados al miedo, lo que nos hace vivir limitad@s, en escasez y carencia. Salir de esta cárcel pasa por desarrollar nuestra mente superior, relacionada con el Amor.

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